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Un aporte mínimo a la discusión: descartar ambos extremos

intensidadChile presenta aún tasas de consumo de energía relativamente bajas en relación a los países desarrollos. Ante esta situación, dos posiciones antagónicas tienen amplia presencia en el debate energético:

  • En la esquina de los business as usual, están quienes consideran que, siendo la energía un indudable insumo del desarrollo, debemos generar tanta como el camino a la riqueza demande, al menor costo y la mayor seguridad posible, respetando la normativa ambiental. Bajo esta óptica, son las fuerzas del mercado dejadas a sus anchas quienes pueden definir de mejor manera el óptimo de la provisión energética. Dado que se están respetando los estándares ambientales que nos hemos definido como país, exigir trabas adicionales sería autoimponernos varas demasiado altas para un país que aún presenta niveles importantes de pobreza.
  • En la esquina de los opositores a ultranza, están quienes consideran que todo nuevo medio de generación de energía es indeseable, y que Chile puede prosperar exclusivamente con los medios actuales. La máxima expresión de esto es una suerte de “nuevo oxímoron”, propuesto por Douglas Tompkins:

Deben entender que pueden tener un buen negocio sin crecimiento, que podemos tener desarrollo sin crecimiento y prosperidad sin riqueza (1)

Quiénes miran con interés el crecimiento energético a todo evento notan, con justa razón, que los costos de la carencia de energía superan con creces los costos de cualquier medio de producción, incluso de los más caros. En abril de 2008, en medio de una sequía y con el precio del petróleo por las nubes, los costos marginales de generación eléctrica se empinaron hasta valores récord de 374,8 $US/MWh en el SIC y 510,9 $US/MWh en el SING.  Sin embargo,  el valor que deja de producir una minera por falta de energía puede alcanzar los $US 2000 por cada MWh faltante. Si sólo se toma en cuenta este criterio, es natural asumir la tasa de crecimiento de la energía como un mero dato que debe ser satisfecho. Sin embargo, este enfoque no pondera adecuadamente las externalidades asociadas a la generación y transmisión de energía. La disminución de la demanda prescindible evita una pérdida de valor social neta que este primer polo soslaya. Esta conclusión puede parecer nada más que una perogrullada -nadie quiso inundar el Bío bío y perder para siempre su ecosistema de río- pero no son pocos ni poco influyentes quienes planifican el sistema energético chileno simplemente asumiendo una tasa de crecimiento del 6% y luego, en base a ese dato “dado”, discuten sobre el camino más adecuado para responder a él y duplicar la oferta cada doce años. Primer punto entonces: asumir sin más una tasa de crecimiento de 6% es caer en un análisis pobre y dogmático, que infundadamente proyecta en forma indefinida lo que ocurrió en los 90′ y parte de esta década.

En el otro extremo, quienes promueven un estancamiento del consumo actual sustentan su posición en los inevitables impactos ambientales asociados a la generación y transmisión de energía. Sin embargo, quienes defienden esa postura actúan en forma prematura. El consumo per cápita de energía primaria de nuestro país es sólo el 40% del consumo de la OCDE, tal como muestra la siguiente tabla, publicada por la IEA el 2009 con datos del año 2007 (Chile se encuentra en la posición 62º):


Con más del 16% de la población viviendo bajo la línea de la pobreza -con una definición de pobreza bastante permisiva por lo demás- es difícil imaginar un estancamiento del consumo de energía sin que ello implique que un segmento de la población pase frío en invierno. Cuando la editorial de “The New York Times” de abril de 2008 criticaba nuestra carrera por el “unfettered growth” (crecimiento desbocado) erraba en su target. Es esta una crítica válida para un grupo de naciones, pero a cuyo selecto club Chile aún no ha ingresado. Soy un convencido de que las alternativas de eficiencia energética aún son ampliamente subutilizadas en Chile, y que existen opciones de altísima rentabilidad social que no han sido implementadas aún; parafraseando a un antiguo ministro de Obra Públicas cuando hablaba de las obras concesionadas, “el filete no se ha acabado aún”. Sin embargo, y este es el segundo punto de este post, es difícil suponer que no alcanzaremos un consumo de energía primaria de al menos el doble del actual (escenario que Tompkins debiera considerar optimista, considerando lo que nos dejaría con un consumo per cápita inferior al 80% actual de la OCDE dado el crecimiento demográfico esperable para Chile). Ser “verde y responsable” implica por lo tanto pensar en como duplicar sustentablemente nuestra matriz energética más temprano que tarde, en un país que ya ha copado sus cuencas hidrográficas más “a la mano” y que cuya hidrología se verá seriamente afectada por los efectos del cambio climático. Negar el crecimiento de la oferta en base al argumento de la eficiencia energética empobrece la discusión y termina haciendo un flaco favor al medio ambiente.

Ya lo dijo Buda hace 2.500 años: como en tantos quehaceres humanos, la respuesta se haya en algún punto del “Camino Medio”.

(1) Diario La Nación. Temas del Domingo. 20 de abril de 2008


Por Joaquin Barañao, cofundador y editor de Central Energía.


  1. Renato Valdivia
    08/04/10 a las 10:49 | #1

    Efectivamente el rol de la autoridad es velar por el desarrollo del sector. Pero son las políticas del regulador las que influencian en buena medida la forma que toma ese desarrollo. Durante varios años el crecimiento venía siendo poco más de 6% y se proyectaba en base a eso y al crecimiento económico esperado. Si se aprueba la tan anticipada ley que premia a las distribuidoras por eficiencia energética, eso va a disminuir esa expectativa. Si se le pone precio a la emisión de CO2, eso va a alterar la composición de tecnologías en el plan de obras.@Joaquin Barañao

  2. 07/04/10 a las 11:41 | #2

    Es verdad que el mercado es desarrollado por privados -y a mi me parece bien que sea así- pero, por su naturaleza de servicio básico, tiene al Gobierno con los ojos encima velando por que la cosa funcione. Por algo existe el “Plan de Obras” de la CNE, y por algo para los periodos de estrechez el Gobierno es el ente coordinador que se encarga de que no haya cortes programados. De hecho, a nivel de Gobierno existen proyecciones de crecimiento de la demanda (Tokman solía presentarlas con frecuencia en sus seminarios) y es ahí donde cabe preguntarse ¿que tasa de crecimiento es razonable esperar? ¿Hemos hecho todo lo socialmente rentable en términos de eficiencia? Y bueno, el descarte del otro extremo -el rechazo a todo- está en realidad dirigido a ciertos sectores ciudadanos que sostienen que podemos vivir del uso eficiente sin crecer, pero que posiblemente no han considerado los números en perspectiva

  3. Renato Valdivia
    06/04/10 a las 23:24 | #3

    El mercado eléctrico chileno está liberalizado y es desarrollado por privados. Por eso, se atribuye a éstos el rumbo que toma la matriz eléctrica. Sin embargo, esto no es exacto. Las empresas desarrollan la alternativa más competitiva que permite el marco regulatorio, como es natural. Si no nos gusta las decisiones que están tomando los privados, es en buena medida porque la autoridad no esá dando los incentivos adecuados. Por ejemplo, hasta el momento no se ha querido asumir el costo político que supone internalizar las externalidades de las emisiones de CO2. Esto supone un subsidio implícito para las tecnologías térmicas. Si se aprobaran normas de emisión más estrictas para las nuevas centrales térmicas, las empresas eléctricas no se deberían sentir perjudicadas, es más, las deberían aplaudir como integrantes de la sociedad; pero en cambio sí están en todo su derecho de reclamar si la norma se hace retroactiva, pues cambia las reglas de juego para inversiones ya materializadas.
    Por otro lado, si los beneficios que se les atribuye a ls ERNC son efectivos, tales como seguridad, independencia, sustentabilidad, etc., entonces estos se deben medir mediante una evaluación social e incorporar esta externalidad positiva a la ecuación.
    Los exponentes de todas las posiciones, aún las extremistas, hacen ver diferentes puntos de vista. El deber de la autoridad es foementar un debate propositivo, definir una matriz objetivo y luego asegurarse que la legislación alinie las decisiones de inversión con el objetivo de alcanzar esa matriz.

  1. April 19th, 2010 at 21:27 | #1
  2. May 10th, 2010 at 11:23 | #2
  3. July 28th, 2010 at 00:37 | #3